La ciudad en rojo y negro

Lago Lemán, Montreux, Suiza.

Lago Lemán, Montreux, Suiza

De pronto, el cielo es rojo. Y desde dentro de las casas se oye un rugir orgulloso que acompaña a las millones de gotas que impactan contra el suelo, gotas que se mezclan con partículas de polvo ignoradas, y que resultan en un barro trasparente que tiene el sonido de un enjambre de serpientes caminando al unísono hacia la boca de algún niño.

Y la rojez de la tarde te invita a abrir la ventana, hace que te quedes prendido, mirando al cielo, cayendo en un drama de color, que te hace dudar si lo que ves es rojo o violeta. El cielo pestañea como si una gran mota de polvo estelar se le hubiese introducido en su diminuto ojo, lanzando latigazos eléctricos a la tierra. Ruge como un felino antes de atacar, como un león imaginándose a la cebra más bella del Paraíso. Porque, incluso para las bestias más crueles, también hay un paraíso.

La tormenta que acabará con todo está aún por llegar. De repente, un farol se enciende -¿acaso pretende competir?-, un perro ladra, otro escribe su diario, la beata reza a los pies de la cama y pide a Dios que todo pase a cambio de retomar su amistad con Chelo, que hay que ver cómo se las gasta esa mujer, y el ateo se palpa la entrepierna pensando en la monja negra que vio aquella tarde en el parque mientras apoya el codo derecho en el Capital Marxista; Los dos jóvenes de portal no fuman porque no tienen tabaco y la mujer del paraguas desafía con su cigarrillo rubio al cielo, disparando con sus labios bolutas de humo azul que, después de recorrer las bóvedas de su armazón, salen por sus acantilados como cataratas invertidas, hacia las nubes, mezclándose con el océano que la rodea. Todos alumbrados por los fogonazos amenazadores que el cielo les envía, que les descubre, que les comprime. que les silencia.

Porque solo las tormentas de tamañas proporciones son capaces de silenciar de un solo suspiro a los seres que se esconden debajo de ellas, admirándolas estremecidos.

Gonza.

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One Comment to “La ciudad en rojo y negro”

  1. No hay nada tan melancólico como una tarde de lluvia. Comprobado científicamente

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