ArrivederLa

Hoy es mi último día en Turín y tan siquiera tengo ganas de escribir. Lo hago sencillamente por una suerte de obligación moral aunque juro que cada tecla que pulso es un insufrible bochorno que se extiende por todos y cada uno de mis nervios. Otra razón, puede que la última, se explica con el hecho de que hace ya dos años y medio que tengo la costumbre de escribir aquí las cosas interesantes que veo o sencillamente me invento.

Me he acostumbrado a vivir contigo, y contigo, y a despertarme con la silueta de los Alpes recortando a la mitad la panorámica que dibuja la ventana de mi habitación. Todos y cada uno de los días de mi estancia han sido provechosos porque, si bien es cierto que he aprendido de errores pasados, lo cierto es que también lo he hecho de personas, lugares, palabras, y situaciones que encandilan, que hacen que te sientas sencillamente bien.

Acabo de vaciar mi habitación y el eco ya se burla de todo y cuanto digo en su interior. Es como si hubiese algún Demiurgo tratando de burlarse de mi, de mi cara de pena, de mi último cigarro sentado en la ventana, de mi última entrada en La Veda Abierta. Acabo de terminar mis maletas. En su interior poca cosa: ropa, recuerdos y tres o cuatro pares de zapatos destrozados. Porque las experiencias se cuentan con el número de zapatos rotos que llevas a cuestas, con los cordones anudados de forma perenne, descoloridos. Si, he roto muchos zapatos porque no me he cansado de andar, porque Torino es una ciudad que te invita a caminar y a resbalarte por sus pulidas aceras. Porque los miles de kilómetros que he recorrido me han enseñado, además de lugares fascinantes, los rostros de las personas más increíbles de las que nunca nadie se ha rodeado.

Lo dicho, no quiero seguir escribiendo, creo que ya es demasiado, supongo que la próxima entrada la escribiré con 3000 kilómetros de perspectiva por medio. Una vez saciada dicha obligación personal, cierro esta entrada sencillamente dando las gracias a todos y cada uno de los momentos que me han fascinado y conquistado, a los de aquí y a los de allí, a los que están en el otro lado del planeta, o de Europa o de dónde sea. Y por supuesto, dándomelas a mi mismo, por haber esta aquí, en el momento justo y en lugar adecuado.

Torino sempre sarà casa mia.

Un saludo,
Gonzalo.

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One Comment to “ArrivederLa”

  1. Mi fa piangere! Gonzalooo, me encanta su escritura. Es hermoso

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