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febrero 23, 2012

“El largo”

– Un menú grande con patatas fritas y Coca Cola, gritó de pronto alguien.

El niño, con su jersey atado a la cintura y con cierto aire grotesco, miraba hacia el cielo narrándole a su madre algo, sin lugar a dudas, excitante. Lo hacía envuelto en una atmósfera hostil, poblada por sonidos de cocina, por gritos de muchachos grasientos, por esos molestos pitidos que emiten las máquinas registradoras. Buceaba en un océano de colesterol, imbuido en un nube que apestaba a animales muertos. A la plancha.

Hoy me han nombrado Guardián de los Ordenadores. Lo he hecho muy bien, el profesor me ha dicho que soy muy responsable.

Los hielos caen en un vaso y su rumor enfría momentaneamente la sala. El sifón de los refrescos silba. Silba como el pecho de la madre, que se hunde agitadamente fruto de la emoción. Una sonrisa empieza a brotar en su gordo rostro.

Y ha dicho delante de toda la clase que soy el más inteligente y el que mejores notas saca. Es normal porque el resto son un poco “cortos”.

– Son seis euros con setenta y cinco céntimos. El sonido de las monedas repica por las bóvedas de la caja. La dependienta cierra la caja con desconfianza, se coloca la visera, suspira, mira al frente y sonríe. ¿Qué desea? Un pelirrojo orondo pide, y pide, y pide, y pide…

Mientras, el niño continúa su perorata ególatra provocando el progresivo aumento de la dentada sonrisa de su madre.

Cuando el profesor me ha nombrado encargado por ser responsable, Olga me ha mirado fatal. Es una envidiosa. Quiere sacar mejores notas que yo y no puede.

Y de pronto, todo explotó y ese gran abismo de orgullo en el que puede convertirse una madre -entendida esta como un concepto etéreo- rebosó de placer emocional y, con los ojos vidriosos y exhibiendo una mueca de santurrona, se agachó y abrazó fuerte a su hijo. ¡¡Pero qué rico y listo eres, hijo!!. Minutos después, el niño devoraba una hamburguesa enorme que su madre le había comprado como premio al mérito académico. Esta es la prueba irrefutable de que el amor, y sobre todo el maternal, puede convertirse en un arma de doble filo.

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